Mi hijo, mi hijo. Cuando tuviera un hijo se lo explicaría todo en cuanto fuese lo suficiente starrio para comprender. Pero sabia que no lo emprendería o no querría comprenderlo, y haría todas las vesches que yo había hecho, sí, quizás incluso mataría a alguna pobre starria forrella entre cotos y coschcas maullantes, y yo no podría detenerlo. ni tampoco el podría detener a su hijo, hermanos.
Y así; tearía todo hasta el fin del mundo, una vez y otra vez y otra vez, como si un bolche gigante choloveco, o el mismísimo Bogo (por cortesía del bar lácteo Korova) hiciera girar y girar una vonosa y graña naranja entre las rucas gigantescas.
♠Anthony Burgues,
La Naranja Mecánica., cap. 3 pag. 152.





Se dejo Caer en un banco y, fuera de sí aspiro el perfume nocturno de las plantas. Después apoyando-se en el respaldo, los brazos indolentemente caídos, abrumado y sacudido varias veces por escalofríos, musitó la formula fiel del deseo, imposible en este caso absurda, abyecta, ridícula y, no obstante, sagrada, también aquí venerada: "Te Amo."