Obligado por el investigador a analizar y decir lo que estaba haciendo - ¡Como ansiaba estar a solas con la Eternidad en una flor, con la infinitud en las cuatro patas de una silla y con lo Absoluto en los pliegues de unos pantalones de franela!, advertí que estaba eludiendo deliberadamente las miradas de quienes estaban conmigo en la habitación, tratando deliberadamente de no darme cuenta de sus presencias. Una de aquellas personas era mi mujer y otra un hombre al que respetaba y tenia mucha simpatía, pero ambos pertenecían al mundo del que por el momento, la mezcalina me había liberado, al mundo de los sí mismos, del tiempo, de los juicios morales y las consideraciones utilitarias; al mundo y era este aspecto de la vida humana el que quería ante todo olvidar - de la afirmación de si mismo, de la presunción, de las palabras excesivamente valoradas y de las naciones adoradas idolatricamente. ♠Aldous Huxley,
Las Puertas de La Percepción.
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